–Los galeses son unos cerdos –dijo el cojo a una pregunta
de su hijo–. Unos cerdos absolutos. Los ingleses también son unos cerdos, pero
un poco menos que los galeses. Aunque la verdad es que son igual de cerdos,
pero intentan parecer un poco menos cerdos, y como saben fingir bien al final
lo parecen.
Los escoceses son más cerdos que los ingleses y sólo un
poco menos cerdos que los galeses. Los franceses son tan cerdos como los
escoceses. Los italianos son lechones. Lechones dispuestos a comerse a su
propia madre cerda. De los austríacos se puede decir lo mismo: cerdos y cerdos
y cerdos. Nunca te fíes de un húngaro. Nunca te fíes de un bohemio. Te lamen la
mano mientras te devoran el dedo meñique. Nunca te fíes de un judío: ése te
come el pulgar y encima te deja la mano cubierta de babas. Los bávaros también
son unos cerdos. Cuando hables con un bávaro, hijo mío, procura tener el cinturón
bien abrochado. Con los renanos más vale ni siquiera hablar: en menos de lo que
canta un gallo te querrán cortar una pierna. Los polacos parecen gallinas, pero
si les arrancas cuatro plumas verás que tienen piel de cerdo. Lo mismo pasa con
los rusos. Parecen perros famélicos pero en realidad son cerdos famélicos,
cerdos dispuestos a comerse a quien sea, sin preguntárselo dos veces, sin el
más mínimo remordimiento. Los serbios son igual que los rusos, pero en pequeño.
Son como cerdos disfrazados de perros chihuahuas. Los perros chihuahuas son
unos perros enanos, del tamaño de un gorrión, que viven en el norte de México y
que aparecen en algunas películas americanas. Los americanos son unos cerdos,
por supuesto. Y los canadienses, grandes cerdos inmisericordes, aunque los
peores cerdos del Canadá son los cerdos francocanadienses, así como los peores
cerdos de América son los cerdos irlandeses. Los turcos tampoco se salvan. Son
cerdos sodomíticos, como los de Sajonia y los de Westfalia. Acerca de los griegos
sólo puedo decir que son igual que los turcos: cerdos peludos y sodomíticos.
Sólo los prusianos se salvan. Pero Prusia ya no existe. ¿Dónde está
Prusia?
¿Tú la ves? Yo no la veo. A veces tengo la
impresión de que murieron todos en la guerra. A veces, por el contrario, tengo
la impresión de que mientras yo estaba en el hospital, ese inmundo hospital de
cerdos, los prusianos emigraron en masa, lejos de aquí. A veces voy a los
roqueríos y miro el Báltico y trato de adivinar hacia dónde se fueron las naves
de los prusianos. ¿A Suecia?
¿A Noruega? ¿A Finlandia? Imposible: ésas son tierras de cerdos.
¿Adónde, entonces? ¿A Islandia, a Groenlandia? Trato de
adivinarlo y no puedo. ¿Dónde están entonces los prusianos?
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